“Soy una persona de ciudad que se interesó en las plantas y la Agronomía…sin saber muy bien lo que era”, cuenta, suelto de cuerpo, el agrónomo e investigador José Luis Rotundo, hace 9 años trabajando en Sevilla, España. Antes había pasado por Iowa, Estados Unidos. Primero como estudiante, luego como profesional, y, en medio, nutritivos años como investigador del Conicet.
Su recorrido profesional comenzó en Argentina, donde estudió Agronomía y luego hizo una maestría en ecología de pastizales áridos y sobrepastoreo en la Patagonia. Después se fue a Estados Unidos para hacer el PhD en Iowa State University, enfocado en fisiología y productividad de soja. Tras el doctorado continuó investigando en Iowa y más adelante regresó a Argentina, donde lideró durante varios años un grupo de investigación en fisiología de cultivos dentro del Conicet y la Universidad de Rosario. Ahí se enfocó mucho en soja, brechas de rendimiento, uso eficiente de nutrientes y adaptación al estrés hídrico, además de formar estudiantes de doctorado y maestría.
A lo largo de todos esos años tuvo bastante interacción internacional: proyectos y colaboraciones en Estados Unidos, Brasil, Uruguay, Paraguay y Canadá, incluyendo una estadía como visiting scholar en la Universidad de Minnesota analizando grandes bases de datos de calidad de soja en EE.UU.

Desde 2017 trabaja en Corteva, inicialmente en Estados Unidos y luego desde España, dentro de equipos internacionales vinculados a modelado predictivo, tolerancia a sequía y calor, sustentabilidad y herramientas digitales aplicadas a agricultura. Eso le permitió involucrarse en proyectos globales y en distintos sistemas productivos de América y Europa.
¿Cuándo se fue y por qué? ¿Qué le recomienda a alguien que esté hoy con idea de irse afuera? ¿Qué extraña y qué no extraña de Argentina? ¿Qué comidas incorporó? ¿Lugares para visitar por allá? ¿Se gana más, igual o menos que en un puesto similar en Argentina? ¿Cómo se ve al sector agropecuario local desde afuera? “El agro argentino es de punta, al nivel de Estados Unidos. Aún con todas las complicaciones domésticas, a pesar de eso o tal vez debido a eso, tenemos productores y agrónomos de punta”, reconoce Rotundo.
“Sinceramente, no hay lugar como tu país: tus olores, tu gente, tu idioma (parece una obviedad, pero en España no se habla “argentino”). Extranás todo”, contó en una nueva historia de AgroExportados, “argentinos vinculados al campo y la ruralidad por el mundo”.

-¿Dónde naciste y te criaste? ¿En qué contexto familiar -qué hacían tus viejos- y social?
-Soy un bicho de ciudad. Nacido y criado en el barrio de Liniers. Mi contacto con el campo eran los viajes a la costa, donde me fascinaba el “orden” de las líneas de los cultivos, y el fondo de mi casa. Ahí tuve mi primera huerta.
-Llegó el momento de estudiar, ¿por qué Agronomía? ¿Tenías plan b? ¿Qué querías ser o hacer?
-Sinceramente no sé por qué. Desde muy chico, en la primaria, decía que quería ser ingeniero agrónomo para administrar campos… ¡anda a saber de dónde lo saqué porque no tenía ningún agrónomo ni cerca! Pero ese siempre fue mi sueño y vocación. Mi viejo me decía que eran los genes del abuelo italiano (mi bisabuelo) que tenía su huerta en Italia.
-¿Te cambió el rumbo la facu?
-La facultad me partió la cabeza. El olor de la biblioteca me encantaba, los edificios, todo. Entré con la idea de “administrar campos” hasta que cursé algunas materias bisagra como Fisiología vegetal y Ecología. Particularmente en Ecología, hubo un trabajo práctico donde se hizo un experimento con mezclas de rabanito y raygrass, y se ponían caracoles… y medíamos cómo la proporción de mezcla de las dos especies vegetales afectaban el crecimiento de los caracoles. Eso fue revelador. No podía creer que se podían medir esas cosas, fue clave. Hacer mediciones y encontrar patrones. Luego me enteré que te podían pagar por hacer eso y así fue como entre en la investigación y dejé de lado la administración.
-Tuviste varias salidas del país. Esta sección se llama AgroExportados y tratamos de hacer foco en esa parte de la historia de cada uno. Contame de la primera vez que te fuiste del país. ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Qué emociones recordás de aquella primera salida?
-La primera salida fue en 2005 con una beca Fulbright para hacer el doctorado en Iowa State University (ISU). No fue fácil ese día. Volaba un 21 de julio, día de mi cumpleaños. Estando en el avión, me preguntaba ¿qué hago acá? ¿Quién me mando a hacer esto? Al ser de la ciudad, curse toda la carrera viviendo con mis padres, y esa fue mi primer salida del nido. Ya era grandecito. Recuerdo ese sentimiento de querer hacerlo, pero a la vez las dudas de si era la decisión correcta. Fue clave el grupo de amigos que uno se hace en el extranjero y se convierte en tu “familia”. Había un grupo de argentinos muy grande en ISU en aquel entonces que fue un soporte increíble. En diciembre volví Argentina, nos casamos con mi esposa, y en enero nos instalamos los dos en Iowa hasta el 2010. Ella también es agrónoma y somos compañeros de aventuras desde ese entonces.
-Luego volviste a Argentina y lideraste un grupo de investigación en Conicet y la UNR.
-Desde mi “transformación” en la facultad, mi sueño era ser investigador del Conicet. Estando en USA, gane el puesto de investigador y fuimos varios investigadores que volvíamos de USA y nos fuimos a la UNR. Estuve ahí desde 2010 al 2017. Ese tiempo, laboralmente, fue espectacular. Mil proyectos, mis primeros estudiantes, mucho contacto con los grupos CREA y empresas. Trabajamos mucho en brechas de soja, y aprendimos que muchos de los productores están operando de manera muy efectiva, con una brecha muy pequeña para poder mejorar. Es decir, todo lo que se podía hacer bien se estaba haciendo.

-¿Por qué te volviste a ir? ¿Qué no encontrabas acá o qué sí encontraste afuera?
–Siempre hablamos con mi esposa de que el problema de irse afuera es que te das cuenta que hay otras formas de vivir. Y no hablo del dinero sino de la tranquilidad. Nos pasaron varios hechos de inseguridad, y sinceramente nos hacía ruido pensar que se podía vivir distinto. Por eso es tan importante viajar, no como turista, sino vivir un par de años en otro lado. Así que con el concepto de buscar tranquilidad nos volvimos a Iowa, yo con trabajo en Corteva en el área de investigación. La idea era ir dos años, que después se convirtieron en 4. Mi mujer arranco el doctorado, tuvimos nuestra segunda hija, se hicieron 6 años… Y en el 2023 nos volvimos a mudar, pero esta vez a España.
-¿Cómo se ve el agro argentino desde afuera? Digo, con todo el background que vos debés tener, y sabiendo de primera mano lo que pasa en el mundo, ¿dónde está posicionada Argentina?
El agro argentino es de punta. Está al nivel del de USA, a pesar de todas las complicaciones domésticas, donde no tenés caminos hasta el campo, no tenés electricidad, agua potable, ni gas de red hasta el establecimiento. Las reglas cambian todo el tiempo… bueno, todo lo que ya sabemos. A pesar de esto, o tal vez debido a esto, tenemos productores y agrónomos de punta. Eso es indiscutible. Otra cosa es la importancia regional. Brasil es un gigante al lado nuestro. Y eso lo tenemos que reconocer para entender el contexto de cómo nos ven en el mundo.

-¿Qué es lo que más te gusta de lo que hacés hoy?
-Sigo haciendo investigación que es mi pasión, ahora en una empresa global como Corteva. Esto te permite trabajar en sistemas y cultivos distintos todo el tiempo. Tuve proyectos en diferentes partes de USA (no es lo mismo el Corn Belt, que las praderas en el oeste más árido, o el delta del Mississippi en el sur), Canadá, Mato Grosso… ahora empezamos algo en Argentina. Esta diversidad es increíble. En mi puesto, todo el tiempo estamos generando proyectos nuevos en base a curiosidad propia pero sobre todo en base a necesidades del negocio.
-¿Dónde vivís ahora? ¿Es como qué lugar de Argentina? Si es que hay parecido…
-En 2023 nos vinimos a Sevilla, donde la empresa tiene una estación experimental muy grande. Sevilla es un lugar muy especial, con mucha identidad propia, y mucha pasión. No creo que haya un lugar parecido en Argentina. Hay cosas locales que son difícil de entender para el de afuera, por ejemplo, cómo viven la Semana Santa, la feria de abril, la procesión a la virgen del Rocío… son todos festejos locales que te sorprenden.

-¿Extrañás algo de tu vida en Argentina?
–Sinceramente, no hay lugar como tu país. Tus olores, tu gente, tu idioma (parece una obviedad, pero en España no se habla “argentino”). Extranás todo. Yo sigo leyendo las noticias argentinas y escucho radio argentina. Eso nos pasó siempre. Ya viví casi la mitad de mi vida fuera del país, pero te duele no estar allí. Sobre todo cuando la familia en argentina se empieza a achicar. Eso duele mucho.
-¿Qué no extrañás de tu vida en Argentina?
-La inseguridad. Esa es la principal razón por la que nos fuimos. Y por la que seguimos eligiendo estar afuera.
-¿Qué comidas extrañás?
-El mundo esta globalizado y ya se consigue todo en todos lados. Lo único que no conseguimos en USA o España es buena pasta fresca, de fábrica de pasta. Eso si se extraña. Unos buenos ravioles o sorrentinos.
-¿Qué comidas incorporaste?
-En USA mucho cerdo ahumado, costilla y brisket, típica comida del midwest americano. En España, por supuesto paella, jamón ibérico, aceitunas y pescados, mariscos. No es un secreto, pero vale resaltarlo: en España la comida es muy buena.
-De lo que has conocido, ¿qué lugar recomendarías para un argentino que quiera ir para allá de turista? No de los obvios, sino esos que a vos te gusten pero quizás no estén en el menú turístico… o sí.
-Andalucía como región es espectacular. En dos horas a la redonda de donde estamos, podes estar esquiando en la Sierra Nevada, o en una playa espectacular. Lugares que me impresionaron por acá son Ronda y Setenil de las bodegas (casas y negocios en cuevas). Y Granada, con la Alhambra es una locura.
-¿Se gana igual, mas, menos que en un puesto similar al tuyo en Argentina? En realidad, más allá del sueldo en sí, la pregunta apunta a cómo te rinde la plata.
-Yo creo que un puesto similar al mío tenés una capacidad de compra similar en USA, España y Argentina. El tema es que en USA y España, con estos sueldos, tenés hipotecas muy accesibles que te permiten comprar una casa si tenés algo de ahorro.

-¿Y los sueldos en agricultura?
-Esto no lo tengo tan claro. Creo que la agricultura, si tenés estudios, te permite tener sueldos competitivos a cualquier otra rama tecnológica.
-¿Qué le recomendarías a alguien que, como vos, esté pensando en ir a hacer una experiencia afuera? ¿Por dónde empezar? ¿Qué tener en cuenta? Cosas que podrían allanarle el camino…
-Hay muchas alternativas. La que a mí me funcionó, y creo que sigue siendo la mejor opción, es irte a estudiar. Que te paguen por formarte. Contactar profesores en universidades de afuera siempre es útil. Usar la network que tengas con estudiantes que ya estén afuera. No tirarse abajo. Tenemos muy buena formación y hay becas para irse afuera. Un dato: las notas en la facu para estas cosas importan…
¿Qué le dirías a aquel José de 18 que estaba pensando qué estudiar? ¿Qué podría allanarle el camino? ¿Volverías a elegir lo mismo?
-Le diría que no allane el camino. Que es el momento de equivocarse, cometer errores y conocerse. Que nunca se conforme. Yo elegiría el mismo camino si dudas. De lo único que me arrepiento es de las cosas que no hice.
-¿Cómo imaginás tu futuro? ¿Qué proyectas? ¿Volverías?
-Seguir aprendiendo todos los días, no aburrirme. Eso imagino. Sigo con la misma pasión por la investigación, por lo que proyecto seguir en este negocio por muchos años. No volvería sinceramente. Ya con hijas en el cole, creciendo acá, quedan pocas razones para volver. Laboralmente, sí, me seguiría moviendo por el mundo, y que ellas conozcan otros lugares sería muy interesante.












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